Cocina
La cocina de Manzanares era bastante grande y como era costumbre, el lugar donde además de cocinar y comer, solíamos hacer los deberes. Tenía una antecocina más pequeña casi inútil. Ahí sí estaba la máquina de coser, una tipo Singer a pedal. Y en algún momento sirvió también como dormitorio para mi hermano mayor.
La casa fue construida en 1930 o 31. Ya estaban instalados cuando nací yo en enero del 32.
Y como se estilaba en ese entonces, la cocina se construía bien alejada del cuerpo principal. Tal vez porque no existían los extractores para no contaminar los otros ambientes con los olores de la comida, eso sí, nadie tenía en cuenta los viajes de la dueña de casa desde la cocina hasta el comedor. De todas maneras, el comedor principal se utilizaba en las grandes ocasiones, en general, se comía en la mesa de la cocina, con su infaltable hule estampado.
No había gas ni supergas. Se cocinaba con carbón, en un largo fogón cubierto de baldosas rojas, y con una tapa de hierro negro.Allí se encendían las brasas y como es de suponer las comidas llevaban un largo tiempo de preparación y cocción.
Otro elemento complementario, era el calentador Primus, La base, donde se ponía el kerosén, era de bronce que había que lustrar, y el mechero se encendía con alcohol, había que dejarlo calentar y bombearlo después para que apareciera la llama.
Recuerdo el sentimiento de alivio que experimentaba cuando se apagaba y volvía el silencio. Era bastante ruidoso. Pero más práctico que encender el carbón. El fogón se reservaba para las cacerolas o sartenes. Porque el calentador era más inestable y peligroso.
Realmente no puedo recordar en qué año pudimos beneficiarnos con el super gas, ya con cocina con horno y grandes tubos para los que se tuvo que hacer una casilla en el patio, y cuándo pudimos pasar después al gas natural.
Por mucho tiempo tampoco tuvimos heladera eléctrica. Seguramente habrán aparecido antes, pero mi padre la habrá comprado cuando se hicieron más accesibles, y por supuesto fue una Siam con una manija con una bolita característica.
Hasta entonces, teníamos una heladerita cuadrara de madera, con patas y una tapa arriba para poner el hielo y otra puerta adelante donde se ubicaban los alimentos. Abajo tenía un recipiente donde se depositaba el agua que dejaba el hielo. Por dentro estaba forrada de zinc. A unas cuadras estaba el hielero que nos proveía el hielo a diario. Era un adelanto, pero la comida no podía ser conservada más que un día, por lo tanto la cocina y las compras tenían que ser diarias.
Y para los días de fiesta, donde había que enfriar bebidas en más cantidad, se compraban las barras enteras de hielo y se ponían con las botellas en la pileta de lavar, que era amplia y profunda, siempre al fondo de la casa. No olvidar que tampoco había lavarropas. Se lavaba a fuerza de puño, jabón y tabla de lavar.
Otro elemento de la cocina, era el aparador de madera, alto, con puertas con alambre tejido para protección contra las moscas, donde recuerdo haber tirado sobre su techo, las rebanadas de pan que me obligaban a comer con la merienda. Nadie iba a pensar que terminaban ahí- Allí se guardaba junto con la vajilla, un frasco largo de vidrio con azúcar impalpable, que mi madre utilizaba solamente para hacer el pastel Moka a Fin de Año, y que a mì me parecía algo exquisito y robaba cuando podía.
Las cacerolas eran de aluminio o de hierro, como las planchas para los bifes.
Mi madre hacía muy de tanto en tanto una comida especial que esperábamos con ganas. "Alcauciles al infierno" Consistía en poner los alcauciles en la cacerola de hierro, con aceite y condimentos sobre el fogón, con la tapa invertida donde colocaba brasas encendidas.Fabricaba así una especie de hornito. Nos encantaba!
Y otra exquisitez que disfrutábamos todos, eran los pastelitos con miel. Hacía la masa sobre la mesa de madera de la cocina y después de formados los pastelitos con forma de flor, los freía en sartén y al fin los pasaba por miel. Tal vez porque no se hacían a menudo nos sabían tan ricos.
La pileta de cocina funcionaba con un depósito abajo, donde se acumulaba la grasitud. Para eliminarla, venía un cloaquero una vez por mes. Se ocupaba de retirar la grasa y echarle una suerte de desinfectante blanco.
También se ocupaba de limpiar los inodoros y echarles también ese mismo desinfectante.
Y cuando pudo incorporarse el super gas e instalar una cocina con horno, se eliminó el fogón, y se hizo un placar de un costado y del otro, al lado de la pileta, una mesada de màrmol.
La casa fue construida en 1930 o 31. Ya estaban instalados cuando nací yo en enero del 32.
Y como se estilaba en ese entonces, la cocina se construía bien alejada del cuerpo principal. Tal vez porque no existían los extractores para no contaminar los otros ambientes con los olores de la comida, eso sí, nadie tenía en cuenta los viajes de la dueña de casa desde la cocina hasta el comedor. De todas maneras, el comedor principal se utilizaba en las grandes ocasiones, en general, se comía en la mesa de la cocina, con su infaltable hule estampado.
No había gas ni supergas. Se cocinaba con carbón, en un largo fogón cubierto de baldosas rojas, y con una tapa de hierro negro.Allí se encendían las brasas y como es de suponer las comidas llevaban un largo tiempo de preparación y cocción.
Otro elemento complementario, era el calentador Primus, La base, donde se ponía el kerosén, era de bronce que había que lustrar, y el mechero se encendía con alcohol, había que dejarlo calentar y bombearlo después para que apareciera la llama.
Recuerdo el sentimiento de alivio que experimentaba cuando se apagaba y volvía el silencio. Era bastante ruidoso. Pero más práctico que encender el carbón. El fogón se reservaba para las cacerolas o sartenes. Porque el calentador era más inestable y peligroso.
Realmente no puedo recordar en qué año pudimos beneficiarnos con el super gas, ya con cocina con horno y grandes tubos para los que se tuvo que hacer una casilla en el patio, y cuándo pudimos pasar después al gas natural.
Por mucho tiempo tampoco tuvimos heladera eléctrica. Seguramente habrán aparecido antes, pero mi padre la habrá comprado cuando se hicieron más accesibles, y por supuesto fue una Siam con una manija con una bolita característica.
Hasta entonces, teníamos una heladerita cuadrara de madera, con patas y una tapa arriba para poner el hielo y otra puerta adelante donde se ubicaban los alimentos. Abajo tenía un recipiente donde se depositaba el agua que dejaba el hielo. Por dentro estaba forrada de zinc. A unas cuadras estaba el hielero que nos proveía el hielo a diario. Era un adelanto, pero la comida no podía ser conservada más que un día, por lo tanto la cocina y las compras tenían que ser diarias.
Y para los días de fiesta, donde había que enfriar bebidas en más cantidad, se compraban las barras enteras de hielo y se ponían con las botellas en la pileta de lavar, que era amplia y profunda, siempre al fondo de la casa. No olvidar que tampoco había lavarropas. Se lavaba a fuerza de puño, jabón y tabla de lavar.
Otro elemento de la cocina, era el aparador de madera, alto, con puertas con alambre tejido para protección contra las moscas, donde recuerdo haber tirado sobre su techo, las rebanadas de pan que me obligaban a comer con la merienda. Nadie iba a pensar que terminaban ahí- Allí se guardaba junto con la vajilla, un frasco largo de vidrio con azúcar impalpable, que mi madre utilizaba solamente para hacer el pastel Moka a Fin de Año, y que a mì me parecía algo exquisito y robaba cuando podía.
Las cacerolas eran de aluminio o de hierro, como las planchas para los bifes.
Mi madre hacía muy de tanto en tanto una comida especial que esperábamos con ganas. "Alcauciles al infierno" Consistía en poner los alcauciles en la cacerola de hierro, con aceite y condimentos sobre el fogón, con la tapa invertida donde colocaba brasas encendidas.Fabricaba así una especie de hornito. Nos encantaba!
Y otra exquisitez que disfrutábamos todos, eran los pastelitos con miel. Hacía la masa sobre la mesa de madera de la cocina y después de formados los pastelitos con forma de flor, los freía en sartén y al fin los pasaba por miel. Tal vez porque no se hacían a menudo nos sabían tan ricos.
La pileta de cocina funcionaba con un depósito abajo, donde se acumulaba la grasitud. Para eliminarla, venía un cloaquero una vez por mes. Se ocupaba de retirar la grasa y echarle una suerte de desinfectante blanco.
También se ocupaba de limpiar los inodoros y echarles también ese mismo desinfectante.
Y cuando pudo incorporarse el super gas e instalar una cocina con horno, se eliminó el fogón, y se hizo un placar de un costado y del otro, al lado de la pileta, una mesada de màrmol.

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