Ropa y Vestimenta
En casa, la ropa era algo que había que ponerse, pero a la que no se le daba mucha importancia. Nada de esto no me gusta!
No abundaba y por lo tanto no había elección. La de hombre se compraba y la mía se confeccionaba. Mi madre sabía coser, pero no le gustaba, así que algunos vestidos que recuerdo fueron hechos por mi tía Elvira que sí cosía. Y a los 13 años como seguí profesional empecé a hacerme yo mi propia ropa. Las blusas se hacían con camisas de hombre en desuso, pero que conservaban en buen estado pecheras y espalda. El tejido sintético no había aparecido aún, por lo que todo era algodón, hilo, seda o mezclas que necesitaban plancha. Todo se planchaba, manteles, sábanas, cortinas.Por suerte en casa no había obsesión con el almidón.
Las medias de hombre y zoquetes se zurcían. Había una especie de huevo de madera que servía de sostén para que el remiendo quedara más prolijo.
Después aparecieron las medias de nylon transparentes para las mujeres. Al principio con una costura oscura en la parte de atrás, que había que cuidar que no se torciera para no deslucir el aspecto. Quedaban muy bien, pero tenían el defecto de engancharse fácilmente. En ese caso, se corría el punto y en las mercerías tenían unas máquinas que servían para levantarlos gastando unas pocas monedas. Fue un allivio la llegada de las sin costura, que ahorraban tiempo al ponérselas.
Los jeans todavía no habían hecho su aparición. Los varones usaban pantalón corto hasta la adolescencia o hasta que los pelos de las piernas lo hacían inevitables. Y eso significaba ya una suerte de iniciación a la madurez. Y las mujeres sólo los usábamos para andar en bicicleta o para hacer algún deporte, siempre en telas comunes o de casimir, es decir, la que se usaba para los trajes de hombre.
Tampoco se usaban camperas. En invierno, las mujeres tapados y los hombres sobretodos. E impermeables para la lluvia y para proteger los pies del agua, galochas, que eran una especie de funda de goma negra que se calzaba sobre el zapato.
Para ir al colegio, no se nos permitía llevar abrigos sobre el delantal blanco, así que íbamos con abrigos abajo, tricotas o pullovers, nunca gorros, las piernas al aire, a lo sumo medias tres cuartos. Y recuerdo haber sufrido sabañones en los dedos de las manos, aunque había quienes los tenían también en las piernas y hasta en la nariz.
Las mujeres ya no usaban sombrero como algo imprescindible para salir, pero sí en las reuniones o casamientos.
En cambio los hombres lo siguieron usando, de fieltro en invierno y de paja ( ranchos ) en verano.
Cuando mi padre se enojaba por algo con mi madre, solía decir en tono de amenaza:"mirá que me pongo el sombrero y me voy"
Zapatillas eran poco comunes. Siempre zapatos. Teníamos unas especialmente para ir a la clase de gimnasia junto con un bombachón negro.Recuerdo que para mantener su blancura, después de lavadas y todavía mojadas les pasábamos una tiza blanca. Y estaban las alpargatas que eran usadas por los obreros.
La vestimenta mostraba a las claras las diferencias sociales, cosa que afortunadamente se fue borrando. La letra de un tango habla del percal, como tela humilde, en contraposición de la seda:"y cambiaste por seda el percal" indicando el cambio de status. Por eso tuvo tanta importancia en su tiempo el uso del delantal blanco en las escuelas. Ahí la diferencia sólo podía estar en el que tenía más tablitas o el que aparecía con tanto almidón que parecía una tabla, señal de que había alguien especializado en plancharlo.
Y el colegio primario era una verdadera reunión de diferentes estratos. Había hijas de mèdicos, dentistas, empleados, obreros y sólo por algún detalle se podía saberlo. Y en mis primeros años en el colegio mixto, tenía compañeros varones que venían de un asilo israelita, que quedaba justo atrás de la Iglesia Católica de la Santísima Trinidad. Y se distinguían porque los pelaban totalmente.Al colegio iban con el delantal blanco, pero en el asilo los vestían de gris, prácticas que se desterraron con la llegada del gobierno de Perón y de Eva con su Fundación.
No abundaba y por lo tanto no había elección. La de hombre se compraba y la mía se confeccionaba. Mi madre sabía coser, pero no le gustaba, así que algunos vestidos que recuerdo fueron hechos por mi tía Elvira que sí cosía. Y a los 13 años como seguí profesional empecé a hacerme yo mi propia ropa. Las blusas se hacían con camisas de hombre en desuso, pero que conservaban en buen estado pecheras y espalda. El tejido sintético no había aparecido aún, por lo que todo era algodón, hilo, seda o mezclas que necesitaban plancha. Todo se planchaba, manteles, sábanas, cortinas.Por suerte en casa no había obsesión con el almidón.
Las medias de hombre y zoquetes se zurcían. Había una especie de huevo de madera que servía de sostén para que el remiendo quedara más prolijo.
Después aparecieron las medias de nylon transparentes para las mujeres. Al principio con una costura oscura en la parte de atrás, que había que cuidar que no se torciera para no deslucir el aspecto. Quedaban muy bien, pero tenían el defecto de engancharse fácilmente. En ese caso, se corría el punto y en las mercerías tenían unas máquinas que servían para levantarlos gastando unas pocas monedas. Fue un allivio la llegada de las sin costura, que ahorraban tiempo al ponérselas.
Los jeans todavía no habían hecho su aparición. Los varones usaban pantalón corto hasta la adolescencia o hasta que los pelos de las piernas lo hacían inevitables. Y eso significaba ya una suerte de iniciación a la madurez. Y las mujeres sólo los usábamos para andar en bicicleta o para hacer algún deporte, siempre en telas comunes o de casimir, es decir, la que se usaba para los trajes de hombre.
Tampoco se usaban camperas. En invierno, las mujeres tapados y los hombres sobretodos. E impermeables para la lluvia y para proteger los pies del agua, galochas, que eran una especie de funda de goma negra que se calzaba sobre el zapato.
Para ir al colegio, no se nos permitía llevar abrigos sobre el delantal blanco, así que íbamos con abrigos abajo, tricotas o pullovers, nunca gorros, las piernas al aire, a lo sumo medias tres cuartos. Y recuerdo haber sufrido sabañones en los dedos de las manos, aunque había quienes los tenían también en las piernas y hasta en la nariz.
Las mujeres ya no usaban sombrero como algo imprescindible para salir, pero sí en las reuniones o casamientos.
En cambio los hombres lo siguieron usando, de fieltro en invierno y de paja ( ranchos ) en verano.
Cuando mi padre se enojaba por algo con mi madre, solía decir en tono de amenaza:"mirá que me pongo el sombrero y me voy"
Zapatillas eran poco comunes. Siempre zapatos. Teníamos unas especialmente para ir a la clase de gimnasia junto con un bombachón negro.Recuerdo que para mantener su blancura, después de lavadas y todavía mojadas les pasábamos una tiza blanca. Y estaban las alpargatas que eran usadas por los obreros.
La vestimenta mostraba a las claras las diferencias sociales, cosa que afortunadamente se fue borrando. La letra de un tango habla del percal, como tela humilde, en contraposición de la seda:"y cambiaste por seda el percal" indicando el cambio de status. Por eso tuvo tanta importancia en su tiempo el uso del delantal blanco en las escuelas. Ahí la diferencia sólo podía estar en el que tenía más tablitas o el que aparecía con tanto almidón que parecía una tabla, señal de que había alguien especializado en plancharlo.
Y el colegio primario era una verdadera reunión de diferentes estratos. Había hijas de mèdicos, dentistas, empleados, obreros y sólo por algún detalle se podía saberlo. Y en mis primeros años en el colegio mixto, tenía compañeros varones que venían de un asilo israelita, que quedaba justo atrás de la Iglesia Católica de la Santísima Trinidad. Y se distinguían porque los pelaban totalmente.Al colegio iban con el delantal blanco, pero en el asilo los vestían de gris, prácticas que se desterraron con la llegada del gobierno de Perón y de Eva con su Fundación.

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