Casa y Barrio 1930-1940
No sé bien si la casa de Manzanares fué terminada en 1930 o fue empezada a construir en ese año. Y tampoco sé cuánto tiempo demandó su construcción. Lo que sé es que yo ya nací allí en enero del 32.
También sé por relatos de mis padres y de Lito, mi hermano mayor, que en esos años, ese lugar era como el campo. la calle era una de las pocas que estaba empedrada, pero el empedrado terminaba en la esquina de Arcos. Cuba era de tierra, con zanjas a los costados. Y según cuentan, todavía solía pasar un hombre llevando ovejas que ensuciaban las veredas, y la casa fue objeto de misteriosas pedradas y deshechos dejados sobre el mármol de entrada, con el evidente propósito de hacer daño. En la cuadra era la única construcción en esa vereda. Enfrente en cambio ya había otras.
Yo recuerdo después dos enormes casonas en Manzanares y Arcos, haciendo cruz, pertenecientes a la familia Sieburger, que tenían una curtiembre en Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde) y Arcos. La que estaba enfrente de casa fue años después, un dispensario y finalmente las dos terminaron en enormes edificios de departamentos.
Las que ya estaban cuando se edificó nuestra casa, era una justo enfrente, donde vivían un oficial de policía con su mujer y dos hijos, Elizabeth y Carlitos, ella mayor que yo, y él algo menos que Lito. El oficial nos intimidaba con su uniforme y su porte marcial. Y algo más alejada la casa de doña María, una mujer algo extraña que solía cantar "Vos decís que sí, y yo digo que no, Te lo dijo Barangó" Según se supo, tenía un pleito y el tal Barangó era su abogado.-
Em esa misma casa vivía un matrionio sin hijos, del que se contaba que él le había mentido en cuanto a su situación económica, por lo cual ella se negaba a cocinar y se hacía traer una vianda. Esas eran mujeres !!!
También recuerdo a un hombre que llamaban "Mondongo", que las más de las veces borracho, recordaría sus épocas de conscripto, gritaba "cuerpo a tierra!!!" y se tiraba al suelo, con gran regocijo de los chicos que lo corrían y gritaban con él.
En la esquina de Manzanares y O!Higgings, una fábrica de cartón, que yo solía visitar, porque allí vivia una compañera de colegio primario y después de secundario.
A la vuelta, en Jaramillo, el electricista tartamudo, que nos causaba gracia cuando se empantanaba y sólo le salía un sonido gutural, pero disimulábamos porque nos daba lástima. Y antes tuvimos otro que era un personaje, Troncellito, que cuando tenía que revisar alguna conexión, se paraba en un banquito y levantaba una pierna por si venía la descarga!
En Cuba a pocos metros de Manzanares, don Domingo De Franco, un italiano laburante, hacía de todo, albañilería y arreglos varios. Solíamos llevarle las cacerolas que eran de aluminio, y cuando se agujereaban las emparchaba. Tenía tres hijas, con una de ellas, que era dos años mayor que yo, íbamos juntas al mismo colegio secundario. El pobre don Domingo consiguió edificar él mismo una casa con un dpto al fondo, con la idea de alquilar y poder vivir de esa renta cuando dejara de trabajar, pero lo sorprendió la ley de Perón que además de congelar los alquileres no permitía desalojar a los inquilinos, así que los montos se fueron depreciando y tuvo que seguir trabajando ya viejo y rengo.
En Manzanares frente a la plaza estaba la fábrica de varillas de Lumi. También una de las chicas iba al colegio de monjas, y nos invitaba a una quinta que tenían en Derqui para festejar el día de la primavera. Hicimos allí el festejo durante varios años. Era toda una aventura llegarse hasta allí. Tomábamos el tren en el Puente Pacífico, en una suerte de zafari bochinchero.
En Paroissien y Obligado, la casa de mi amiga Rafaela, con un frente sin revocar. Mis tíos en Paroissien entre O!Higgins y la vía, en una calle cortada. Y mis andanzas no iban mucho más allá en el barrio.
Mis tíos Antonia y Elvira, se mudaron a su nueva casa, a tres cuadras de la nuestra un día antes de que naciera mi hermano Nolo. Yo tenía nueve años y medio y me alegró mucho saber que tendría a mi prima Marta tan cerca. Iba al colegio en Juana Azurduy entre Ciudad de la Paz y Amenábar y todavía no iba sola. Poco tiempo después, un día me mandaron a comprar algo al almacén y se me ocurrió llegarme hasta la casa de mis tíos. Toda una aventura! allí me entretuve un rato, pero cuando volví me retaron en forma! Todavía no tenía edad para tales independencias.
La casa de mis tíos no tenía medianeras. A un costado, había una casa modesta habitada por un matrimonio con hijos. La mujer muy conversadora pretendió convencer a mi tía,de que podían evitar la medianera plantando unos pinitos, pero mi tía, muy celosa, creyó verle ojos de lagartona, como dirían en España y ahí nomás se acabaron los pinitos, se levantó la medianera y se acabaron las relaciones.
Otra curioosidad era la herrería, por Cabildo, frente a la plaza. Trabajaba mucho herrando caballos. Y en ese entonces, Cabildo tenía una plazoleta central que dividía las dos manos. En lo que ahora es la Av Comodoro Rivadavia de un lado y García del Río del otro, corría el arroyo Medrano. Había un parapeto sobre Cabildo, desde donde veíamos correr el arroyo.
También sé por relatos de mis padres y de Lito, mi hermano mayor, que en esos años, ese lugar era como el campo. la calle era una de las pocas que estaba empedrada, pero el empedrado terminaba en la esquina de Arcos. Cuba era de tierra, con zanjas a los costados. Y según cuentan, todavía solía pasar un hombre llevando ovejas que ensuciaban las veredas, y la casa fue objeto de misteriosas pedradas y deshechos dejados sobre el mármol de entrada, con el evidente propósito de hacer daño. En la cuadra era la única construcción en esa vereda. Enfrente en cambio ya había otras.
Yo recuerdo después dos enormes casonas en Manzanares y Arcos, haciendo cruz, pertenecientes a la familia Sieburger, que tenían una curtiembre en Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde) y Arcos. La que estaba enfrente de casa fue años después, un dispensario y finalmente las dos terminaron en enormes edificios de departamentos.
Las que ya estaban cuando se edificó nuestra casa, era una justo enfrente, donde vivían un oficial de policía con su mujer y dos hijos, Elizabeth y Carlitos, ella mayor que yo, y él algo menos que Lito. El oficial nos intimidaba con su uniforme y su porte marcial. Y algo más alejada la casa de doña María, una mujer algo extraña que solía cantar "Vos decís que sí, y yo digo que no, Te lo dijo Barangó" Según se supo, tenía un pleito y el tal Barangó era su abogado.-
Em esa misma casa vivía un matrionio sin hijos, del que se contaba que él le había mentido en cuanto a su situación económica, por lo cual ella se negaba a cocinar y se hacía traer una vianda. Esas eran mujeres !!!
También recuerdo a un hombre que llamaban "Mondongo", que las más de las veces borracho, recordaría sus épocas de conscripto, gritaba "cuerpo a tierra!!!" y se tiraba al suelo, con gran regocijo de los chicos que lo corrían y gritaban con él.
En la esquina de Manzanares y O!Higgings, una fábrica de cartón, que yo solía visitar, porque allí vivia una compañera de colegio primario y después de secundario.
A la vuelta, en Jaramillo, el electricista tartamudo, que nos causaba gracia cuando se empantanaba y sólo le salía un sonido gutural, pero disimulábamos porque nos daba lástima. Y antes tuvimos otro que era un personaje, Troncellito, que cuando tenía que revisar alguna conexión, se paraba en un banquito y levantaba una pierna por si venía la descarga!
En Cuba a pocos metros de Manzanares, don Domingo De Franco, un italiano laburante, hacía de todo, albañilería y arreglos varios. Solíamos llevarle las cacerolas que eran de aluminio, y cuando se agujereaban las emparchaba. Tenía tres hijas, con una de ellas, que era dos años mayor que yo, íbamos juntas al mismo colegio secundario. El pobre don Domingo consiguió edificar él mismo una casa con un dpto al fondo, con la idea de alquilar y poder vivir de esa renta cuando dejara de trabajar, pero lo sorprendió la ley de Perón que además de congelar los alquileres no permitía desalojar a los inquilinos, así que los montos se fueron depreciando y tuvo que seguir trabajando ya viejo y rengo.
En Manzanares frente a la plaza estaba la fábrica de varillas de Lumi. También una de las chicas iba al colegio de monjas, y nos invitaba a una quinta que tenían en Derqui para festejar el día de la primavera. Hicimos allí el festejo durante varios años. Era toda una aventura llegarse hasta allí. Tomábamos el tren en el Puente Pacífico, en una suerte de zafari bochinchero.
En Paroissien y Obligado, la casa de mi amiga Rafaela, con un frente sin revocar. Mis tíos en Paroissien entre O!Higgins y la vía, en una calle cortada. Y mis andanzas no iban mucho más allá en el barrio.
Mis tíos Antonia y Elvira, se mudaron a su nueva casa, a tres cuadras de la nuestra un día antes de que naciera mi hermano Nolo. Yo tenía nueve años y medio y me alegró mucho saber que tendría a mi prima Marta tan cerca. Iba al colegio en Juana Azurduy entre Ciudad de la Paz y Amenábar y todavía no iba sola. Poco tiempo después, un día me mandaron a comprar algo al almacén y se me ocurrió llegarme hasta la casa de mis tíos. Toda una aventura! allí me entretuve un rato, pero cuando volví me retaron en forma! Todavía no tenía edad para tales independencias.
La casa de mis tíos no tenía medianeras. A un costado, había una casa modesta habitada por un matrimonio con hijos. La mujer muy conversadora pretendió convencer a mi tía,de que podían evitar la medianera plantando unos pinitos, pero mi tía, muy celosa, creyó verle ojos de lagartona, como dirían en España y ahí nomás se acabaron los pinitos, se levantó la medianera y se acabaron las relaciones.
Otra curioosidad era la herrería, por Cabildo, frente a la plaza. Trabajaba mucho herrando caballos. Y en ese entonces, Cabildo tenía una plazoleta central que dividía las dos manos. En lo que ahora es la Av Comodoro Rivadavia de un lado y García del Río del otro, corría el arroyo Medrano. Había un parapeto sobre Cabildo, desde donde veíamos correr el arroyo.

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