Juegos 2

Otros juegos infantiles se podían dividir entre los grupales o los que podían jugarse de a dos. Los grupales quedaban limitados a jugarse en el colegio. Y siempre bien definidos entre los juegos de varones y de mujeres. Hasta 3er. grado fui a un colegio mixto, pero después cerró y a partir de 4to. grado fui a uno estatal también, pero sólo de mujeres. Y en el patio, los juegos eran los comunes de rondas, estatuas, Martín Pescador, rayuela, el salto con soga, el ain nenti con piedritas, y de a dos, el fideo grueso y el fino que era más vertiginoso. En casa, era infaltable el triciclo, pero la bicicleta-por lo menos en casa- era peligrosa. Tal vez porque con ella ya había que salir a la calle, donde acechaban mil peligros!!! Recién entró una a casa cuando mi hermano mayor empezó a trabajar a los 19 años y pudo comprarla, y después me regaló una a mí, pero ya adolescente. Mi hermano menor tuvo algo parecido al triciclo, el remomóvil que pronto cayó en desuso, tal vez porque era un armatoste. Se lo publicitaba como buen ejercicio para los brazos, que debían hacer el esfuerzo y no los pies como en el triciclo.

Para los varones, también el ai nenti, el balero, los soldaditos, autos, la pelota, y las bolitas, juego que desapareció, tal vez porque se jugaba en la tierra, donde se hacía el hoyito, y en aquel tiempo la tierra abundaba en calles y baldíos. Ahora, dónde encontrarla?

También nos entreteníamos con las adivinanzas, charadas, problemas a veces tramposos que nos ofrecía mi padre en las sobremesas que a veces compartíamos con mis primos. Mi padre tenía un carácter ambivalente. Como todo autoritario solía estallar en cólera por pavadas, pero salvo en esos momentos, en general era chacotón y gustaba de hacer bromas, comprando chascos con los que se divertía ingenuamente, haciendo caer en la trampa a toda la familia.

Hay que recordar que no teníamos TV, ni CDs. En casa se escuchaba radio, una grande tipo Capilla con enormes válvulas. Estaba fija en una mesita de luz en el dormitorio, y por muchos años fue la única en la casa. Recién a mis 12 o 13 años creo, se compró otra más pequeña para la cocina, siempre eléctricas. No existían tampoco las pilas! Así que disfrutábamos escuchar un dúo cómico, Buono-Striano que nos hacía reír con unos chistes que ahora no resistirían la menor crítica. Todo era mucho más ingenuo.

Y al haber menos oferta de entretenimiento, nos volcábamos mucho más a la lectura. En mi escuela había una biblioteca y una bibliotecaria que pasaba todos los sábados (teníamos clases los sábados) y nos ofrecía libros en préstamo por una semana. Y yo siempre me anotaba. Igual en casa había una nutrida biblioteca, propiedad de mi tío Ricardo que cuando tuvo que mudarse a un lugar más chico, la dejó en casa. Y a fe que la aprovechamos! Había de todo, hasta una colección de teatro "Bambalinas" que el mismo se había ocupado de encuadernar. Todo Dumas, todo Salgari, Dickens, Conan Doyle, mucha poesía, en fin, de todo. Y después mi hermano mayor aportó los policiales de Sherlock Holmes que me encantaban. Recuerdo que ya adolescente, tenía como trabajo casero el barrer y repasar los dormitorios que ya eran dos, pero me ponía a leer parada al lado de la biblioteca, hasta que el ruido de pasos me hacía volver al escobillón.

A mi padre le gustaba mucho leer, también versificar, cualquier ocasión era buena para escribir algunas cuartetas dedicadas. Sus hermanas contaban que cuando eran chicas, él que era mayor, les leía novelas por las noches. Ahí ni siquiera había radio!
Tenía un libro de Actas que conservo, donde copiaba poesías de diversos autores. Uno de sus preferidos era Almafuerte, un poeta contestatario del que gustaba repetir "como las vibraciones de un necio ruido ni Wagner ni Rossini me dicen nada, pero si por acaso se oye un gemido, me traspasa las carnes como una espada" Todo eso para afirmarlo en su idea de que la música es algo secundario y sin importancia.